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Historia
Alhambra
La historia de Alhambra se remonta a más de cuatro mil años atrás. El cerro sobre el que se asienta el municipio ha contado con ocupación humana de forma ininterrumpida desde la Edad del Bronce, favorecida por su situación estratégica, que permitía el control visual del territorio y ofrecía condiciones idóneas para el asentamiento y la defensa.
Con el paso del tiempo, la cultura íbera se estableció en la zona, convirtiendo a Alhambra en una ciudad fortificada dentro de la región íbera de Oretania. Este periodo supuso un importante desarrollo del asentamiento, que adquirió relevancia en el contexto territorial del sureste peninsular.
La llegada de los romanos en el siglo II a. C. marcó una nueva etapa de esplendor para la localidad, que pasó a denominarse Laminium. Durante esta época, Alhambra se transformó en un destacado cruce de caminos dentro de la red viaria romana y en un municipio próspero, como demuestran los numerosos vestigios arqueológicos conservados.
De este periodo romano proceden importantes inscripciones monumentales y esculturas togadas que simbolizaban la dignidad y el estatus de las élites locales. Estas piezas, junto con otros restos arqueológicos, ponen de manifiesto la relevancia política, social y económica que alcanzó Laminium hace dos mil años.
Tras la etapa romana, el cerro continuó siendo un espacio habitado durante la Alta Edad Media, como atestigua la necrópolis visigoda excavada en la roca. Estas tumbas rupestres reflejan prácticas funerarias de la época y aportan valiosa información sobre la población que habitó Alhambra en este periodo.
El origen del nombre de Alhambra resulta especialmente llamativo para los visitantes por su coincidencia con el conocido monumento granadino. Procede del término árabe al-Hamrá, que significa «la Roja», denominación que los musulmanes dieron a la antigua Laminium, probablemente fascinados por el color rojizo que aportan al cerro la piedra moliz, la tierra y la sillería tradicional de las construcciones.