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Historia

 

Membrilla

 

La historia de Membrilla está muy ligada a la tierra, a la huerta y a la importancia de los cultivos que han sostenido la economía local durante siglos. El melón, presente al menos desde el siglo XI, se convirtió con el tiempo en uno de los productos agrícolas más representativos del municipio y, junto al vino y el azafrán, define buena parte de su identidad. La huerta tuvo un peso decisivo antes del siglo XVI, y la tradición recuerda el papel de los moriscos en el desarrollo de estas labores, un contexto del que también nace el refrán popular: «el hortelano, ni rico, ni sano, ni buen cristiano».

Sobre sus orígenes como población existen dos teorías principales. Por un lado, la que sitúa Membrilla sobre el antiguo asentamiento de Marmaria, al que se atribuyen ocupaciones romanas y visigodas. Por otro, la que relaciona el nombre con «Mambla» o «Mamblilla», expresión asociada a un pequeño montecillo con forma de pecho femenino, vinculado a la motilla donde se alza la ermita de la Virgen del Espino y donde los árabes construyeron el castillo del Tocón. Con el tiempo, este enclave pasaría a ser un punto de referencia para la reorganización de la población por parte de la Orden de Santiago.

Ermita de la Virgen del Espino, Memebrilla (CC Pepe Jiménez)

Uno de los lugares más simbólicos es la Ermita de la Virgen del Espino, que se levanta sobre la antigua motilla, en el lugar del histórico castillo del Tocón, en Calle del Paseo del Espino, s/n. A lo largo de los siglos, la ermita cambió de nombre: primero fue conocida como de Nuestra Señora y más tarde como Santa María del Castillo o Nuestra Señora del Castillo, hasta adoptar el nombre actual tras el hallazgo de la imagen bajo un espino cuando las tropas cristianas recuperaron el castillo. Con una sola planta, fue incorporando estancias para adaptarse a nuevas necesidades, como la casa del santero, el camarín de la Virgen o la capilla de Santiago, y su aspecto actual se aleja por completo de aquel origen defensivo.

En el paisaje de Membrilla también pesa la memoria del agua y de los oficios ligados al río. El Molino del Rezuelo es uno de los últimos supervivientes de los once molinos de agua que existieron en el municipio, repartidos entre el cauce que conectaba La Solana y Manzanares, junto a otros como el molino Chico, el de Juárez o el de Santa Ana. Aunque la mayoría están en ruinas, el Rezuelo se mantuvo en pie y funcionó hasta finales de los años 1970. Su cercanía al casco urbano, a unos dos kilómetros, lo convierte en un paseo muy agradecido, y hoy está rehabilitado como Centro de Interpretación y Aula de la Naturaleza.

El molino llegó a contar con tres piedras moledoras, aunque en la actualidad se conservan dos. Allí se entiende bien cómo la molienda permitía obtener diferentes calidades de harina, separando impurezas y salvado, un proceso esencial para la alimentación de la zona. Desde este entorno parte además una ruta aproximada de veinte kilómetros que conduce hacia el molino del Paso, situado cerca de la carretera CM-3109 que une La Solana con Valdepeñas (en torno al punto kilométrico 38), permitiendo ver también restos de otros molinos harineros.

En el patrimonio monumental destaca la Iglesia de Santiago el Mayor. en Calle Rinconada de la Iglesia, 9. Su construcción comenzó en el siglo XV para sustituir a la antigua iglesia de Santiago el Viejo, del siglo XIII. Es un templo de nave única tipo salón, de gran altura, como se estilaba en tiempos de los Reyes Católicos. Su estilo es gótico flamígero con detalles isabelinos y una ornamentación llamativa: algunos capiteles incorporan seres imaginarios, con bestias, dragones y leones en lucha. De sus tres portadas conservadas, sobresalen la principal, en piedra rosada, y la portada oeste, de barroco tardío.

Convento de las Concepcionistas Franciscanas, Memebrilla (CC Pepe Jiménez)

Otro episodio relevante en la historia local es el del Convento de las Concepcionistas Franciscanas. ubicado en Calle de las Monjas, 37. Fue impulsado por Francisco Camacho Martín, que destinó parte de su patrimonio a la fundación de un monasterio femenino. En 1610, una comunidad de monjas procedente de Villanueva de la Fuente solicitó el traslado a Membrilla. Aunque la iniciativa partió de Francisco, fue su hermano Bartolomé quien acabó dando forma al proyecto, vendiendo bienes para ampliar el espacio y asegurar unas condiciones adecuadas. La fundación se confirmó oficialmente en 1623 mediante Real Cédula.

El convento atravesó momentos difíciles: en 1837, la desamortización de Mendizábal provocó pérdidas importantes y lo dejó al borde del cierre. Finalmente, a finales de los años 1990, el convento cerró definitivamente por falta de religiosas. Su arquitectura es sobria y contundente, de planta cuadrangular y tres alturas, con pocos ventanales y una torrecilla destacada. Como detalle significativo, en 1623 las monjas se comprometieron a permanecer allí de forma perpetua, jurando bajo pena de excomunión no abandonar ni trasladar el convento.