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Historia

 

Puerto Lápice

 

Puerto Lápice ha sido, desde sus orígenes, un lugar marcado por el movimiento. Se cree que su historia como punto estratégico podría remontarse a la época de la conquista romana, e incluso existe la tradición de que el emperador Trajano se alojó una temporada en el castillo del Foso, sobre cuyos restos se construiría más tarde la posada del Rincón. También hay escritos que hablan de una localidad rodeada de murallas en aquellos años, señal de que este paso natural se vigilaba y se protegía.

A este cruce de caminos se suma una referencia clave: por aquí pasaba, según el Itinerario de Antonino, la Vía Laminium, una ruta fundamental para conectar el sureste de Hispania con la Meseta. Los historiadores sitúan la ciudad fortificada de Laminium en la actual Alhambra, lo que explica por qué este entorno aparece una y otra vez en los relatos sobre comunicaciones, comercio y movimiento de personas.

Foto de la Venta Quijote, Puerto Lápice (CC Pepe Jiménez)

Con el tiempo, Puerto Lápice se consolidó como tierra de ventas. Durante siglos se la conoció como Ventas de Puerto Lápice, por la cantidad de aposentos que atendían a los viajeros, especialmente a los mercaderes de seda que se dirigían hacia Murcia. En ese ir y venir no faltaron escritores y diplomáticos, y muchas de las crónicas que dejaron reflejan precisamente lo que era este lugar: un punto de paso donde siempre estaba ocurriendo algo.

De hecho, Cervantes lo eligió como escenario quijotesco por ser «un lugar muy pasajero». En una de sus ventas, don Alonso Quijano fue armado caballero, y esa escena quedó fijada para siempre en la memoria literaria de La Mancha. Pero la historia también tiene golpes duros: la población y su primitiva venta quedaron devastadas por la Guerra de la Independencia y las guerras carlistas. Tanto, que el literato francés Teófilo Gautier, a mediados del siglo XIX, escribió una frase que lo dice todo: «Parece que ha pasado por allí el fuego del cielo».

Iglesia Nuestra Señora del buen Consejo, Puerto Lápice (CC Pepe Jiménez)

La Venta del Quijote ubicada en Calle El Molino, 2, gran atractivo turístico de la localidad, debió levantarse en el mismo lugar o muy cerca de la venta primitiva. A finales del siglo XIX, aquella antigua venta, que había resistido durante más de cuatro siglos, estaba ya en ruina. Esos restos fueron los que encontró Azorín en su viaje por los lugares del Quijote, y en La ruta de Don Quijote (1905) dejó una de las descripciones más evocadoras del pueblo, con su calle principal y sus recodos, formados al amparo del tráfico continuo de caminantes.

Al parecer, la venta del siglo XVII, conocida como venta de San Juan, tenía incluso una capilla, que con el tiempo fue ermita y hoy se identifica con la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Buen Consejo en la Calle Cervantes, 24. Y para cerrar el hilo romano que asoma en la historia, en las afueras se conserva el puente romano situado en la Calle Consuegra, s/n, único vestigio visible de ese pasado: salva el cauce del arroyo de Valdehierro y enlaza con el trazado de la calzada que unía Laminium con Toletum, de Alhambra a Toledo pasando por Consuegra.