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Historia
Villarta de San Juan
El origen de Villarta de San Juan se remonta a asentamientos prehistóricos vinculados a las motillas de la Edad del Bronce, aunque su desarrollo posterior estuvo marcado por la presencia romana y medieval. La localidad pudo levantarse sobre la antigua mansio romana de Murum, citada en el itinerario de Antonino, y su iglesia Vieja se construyó sobre una fortificación defensiva de la Orden de San Juan mencionada en las donaciones de Fernando III.
Uno de los grandes símbolos del municipio es el Puente romano o Puente Viejo situado en Calle Cervantes, 1B, una impresionante construcción de piedra que supera los quinientos metros de longitud y cuenta con 46 ojos distribuidos de forma irregular. Declarado Bien de Interés Cultural, fue punto clave para el paso del ganado trashumante y lugar de control de pontazgo según las reglas de la Mesta del siglo XV.
La Iglesia de Santa María la Mayor o iglesia Vieja, ubicada en Paseo de la Iglesia, es otro de los grandes referentes patrimoniales. Construida entre finales del siglo XV y comienzos del XVI sobre estructuras defensivas anteriores, este templo gótico rural es escenario central de la fiesta de Las Paces, cuando miles de cohetes iluminan el cielo desde su mirador sobre el río Gigüela. Tras una importante restauración en 2014, salieron a la luz capillas con pinturas del siglo XVI que evidencian su riqueza histórica.
En el corazón del municipio se alza la Torre del Reloj, en la Plaza de la Paz, 1, construida en el siglo XVIII con aparejo toledano mudéjar. El reloj que hoy marca las horas fue instalado en 1922 por el taller de Antonio Canseco y Escudero, proveedor de la Casa Real, convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles del perfil urbano de Villarta.
El pasado industrial ligado al vino se refleja en la Bodega de los Isla, que se haya en Calle de las Eras, s/n, un conjunto de finales del siglo XIX que conserva su torre de destilación y una característica chimenea modernista. Su fachada blanca y añil recuerda el paisaje descrito por Azorín en sus viajes por La Mancha, reflejando la prosperidad de una época marcada por la producción vinícola.
La vida religiosa actual se articula en torno a la Iglesia de San Juan Bautista, situada en la Plaza de los Mártires, 5, conocida como iglesia Nueva. Destaca por sus catorce vidrieras dedicadas a la Virgen, san Pablo y los doce apóstoles, así como por la intensa participación popular durante la salida de la Virgen en la fiesta de Las Paces, uno de los momentos más emotivos del calendario local.